STREET ART, TROMPES L’ŒIL Y CURIOSIDADES
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Cuando Gérard Philipe se junta con Pablito Zago, ¡son una bomba! En Aviñón, las paredes también se expresan con la abundante creatividad de nuestros street artists y los momentos claves del Festival de Aviñón inmortalizados en 50 ventanas pintadas. ¡Levanta la mirada!

AVIGNON

Ventanas que se abren… ¡a la imaginación!

Como una construcción en abismo de los momentos más grandes del teatro del Festival de Aviñón, las ventanas pintadas de Dominique Durant y Marion Pochy, son un paseo ineludible por las calles de Aviñón.

Apareciendo en los marcos de una ventana ciega, Gérard Philipe, Jean Vilar, Jeanne Moreau, Daniel Auteuil, Maria Casarès y Daniel Sorano parecen actuar infinitas veces las escenas que tan famosos los hicieron.

Maurice Béjart, el mimo Marceau o Bartabas y su teatro ecuestre, revolotean en estas imágenes fijas que son el testimonio del vínculo indefectible que existe entre el Festival y la ciudad. Como un tatuaje en la piel de Aviñón, las historias del Príncipe de Hamburgo, de Scapin, Macbeth, Marianne, Lorenzaccio, Harpagón, Antígona, Hamlet, etc., están grabadas para siempre en los muros de la ciudad del teatro. Durante la excursión urbana podrás descubrir unas cincuenta ventanas.

EN LOS ALREDEDORES DE AVIÑÓN

Extraño, ¿has dicho extraño?

Si quieres salir de los senderos trillados del patrimonio “clásico”, bienvenido a las calles y plazas de las ciudades y pueblos de los alrededores de Aviñón. Este “pequeño patrimonio” insólito, se visita generalmente por iniciativa propia durante una excursión al azar, levantando la mirada, en las calles de la ciudad o por las orillas del Ródano; aunque algunas veces se organizan de visitas guiadas.

Como en una búsqueda del tesoro, en las calles de Villeneuve, puedes salir a buscar una extraña estatua de lagarto en la plaza Jean-Jaurès, y después, descubrir en la rue des Ricollets, la plaza de las aguas más altas, testimonio de los estragos causados por el impetuoso río antes de ser domesticado por el ser humano. En la planicie de la Abadía, o en Rochefort du Gard, las estatuas y exvotos que van marcando la via crucis, nos transportan a otro siglo. Por último, en Roquemaure, las reliquias del santo más famoso, San Valentín, pueden verse en la colegiata del pueblo. Un tesoro que beneficia, los fines de semana de la San Valentín de los años impares, de una reconstitución (con trajes) sobre la leyenda del patrono de los enamorados.

RETRATO

Pablito Zago, desde street hasta artista

Pablito Zago nació una tarde de junio en el patio de un liceo de Cavaillon, imaginado por un amigo bromista que lo bautizó: “Zago le fou” (el loco).

Ni “extravagante” ni seudofanfarrón, Pablito Zago se convirtió en un alter ego, el doble iconoclasta de Julien Diago que dibuja desde que sabe agarrar un lápiz.

Su singularidad se expresa mediante este postulado: nos parecemos y somos todos diferentes; es la primera línea de la base de su gesto artístico: la contradicción. África, sus artes originales y su arte de calle, colorido, naif e informativo, abre las puertas de su imaginario. El lápiz le cosquillea la punta de los dedos. La necesidad de poner su viaje en imágenes se vuelve imperiosa. Realiza su primer Cuaderno de Viaje, medio camino entre el cómic, el cartoon y el reportaje dibujado. Nunca abandona esta forma artística que hasta será el pretexto para recorrer el mundo. Apasionado por las máscaras ‒siempre las artes originales, y la obsesión por la dualidad‒ su pintura se transforma en trompe l’oeil. “Bird in chaos” es un ejemplo resonante: el ave colorida y reconfortante se mueve en una corriente contraria, lucha por salir a volar hipotéticamente, sus plumas están prisioneras de vendas que le impiden volar…

“De chiquito, dibujaba” resume Pablito Zago cuando le preguntas cómo llegó hasta aquí. Aquí, es decir, a esta abundancia monumental que se expone en las paredes, desde Aviñón hasta París y hasta los confines de Brasil. “De chico, dibujaba”, seguramente ya para callar ese caudal de angustia continua en el que se vuelca el miedo del tiempo que pasa, de la muerte que ronda y de un destino artístico a elegir. Artista, enseguida, siente que es “solamente” eso. Crea un grupo con su hermano cuando salen del instituto, los Flying Tea Pot. Pablito canta. El grupo dura “4 o 5 años”. Paralelamente, entra en una escuela gráfica en Marsella. Los profes son toda una institución del arte plástico; por ejemplo, el que enseña la Historia del Arte, dirigió el Museo de Arte Contemporáneo. Música y grafismo. Pablito es feliz. Entre rock fusión, metal y electro, coge un pincel y pinta sus primeros lienzos.